Quien soy hoy es el resultado de cuatro capítulos fundamentales de mi vida. Fueron esos momentos los que trazaron el camino que me llevó a ser uno de los pocos preparadores físicos italianos que trabajan en Madrid en el mundo del pádel, dentro de uno de los contextos más prestigiosos en la formación de jugadores profesionales.
Pero antes que nada, soy sardo. Nacido en Nuoro, criado en una tierra que no es solo una isla, sino un mundo aparte: rica en historia, tradiciones antiguas, cultura profunda y paisajes que te dejan sin aliento. Cerdeña me enseñó el valor del silencio, de la fuerza interior, de la naturaleza que lo domina y lo perfuma todo. Allí aprendí el significado de la identidad, del respeto y de la resiliencia. Y llevo todo eso conmigo, cada día — en la pista, en el trabajo, en la vida.















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Las raíces: entre ciencia, pasión y humanidad
Dónde empezó todo
Mi camino en el deporte empezó en la Universidad de Urbino, donde elegí Ciencias del Deporte como extensión natural de mis ambiciones. No fue una elección casual: ya entonces sentía la necesidad profunda de crecer en este mundo, no solo como atleta o técnico, sino como persona capaz de entender el deporte en todos sus matices. Mi sed de conocimiento me empujó a licenciarme rápido, con el objetivo de ir más allá de las fronteras italianas.
Así llegó el primer salto de verdad al vacío: el Erasmus en Francia, en la universidad STAPS de Caen. Allí descubrí una forma distinta de pensar y enseñar el deporte. Pero no me detuve: seguí en Bruselas, donde viví dos años completando otra pieza de mi formación en la ULB. Años dedicados casi por completo al estudio, pero también a experiencias laborales importantes.
Trabajé como educador deportivo con personas con síndrome de Down, ceguera y otras discapacidades. En ese contexto el deporte no era competición ni rendimiento, sino una herramienta de bienestar, relación y dignidad. Cada actividad se convertía en una ocasión para generar confianza, estimular autonomía y provocar pequeños cambios concretos en la vida de las personas. Esa etapa me formó en lo más profundo — no solo profesionalmente, sino como persona.
Viajar para aprender (de verdad)
El mundo como gimnasio
Terminada la etapa académica, sentí la necesidad de explorar, pero esta vez no solo para estudiar: buscaba un crecimiento interior, laboral y personal. La primera parada fue un complejo turístico cerca de Roma, como instructor de fitness y animador. Allí aprendí a vivir entre la gente, a hablar con las personas sin filtros, a implicar a grupos numerosos. Un primer gran ejercicio de liderazgo, humildad y adaptación.
Después llegó África. Seis meses en Kenia, en Watamu, como entrenador personal en un resort de lujo frecuentado por turistas de todo el mundo. Cada semana era un reinicio: clientes, idiomas y necesidades distintas. Allí aprendí a ser flexible, a escuchar de verdad. Pero el impacto real fue humano: ver la realidad del tercer mundo me cambió para siempre, y dediqué parte de mi tiempo al voluntariado en los orfanatos locales. De vuelta en Cerdeña, trabajé en un resort de 5 estrellas en el sur de la isla: clientes VIP, estándares altísimos, inglés y francés fluidos. Mi primera prueba de fuego de verdad.
Roma: el renacer y el inicio en el pádel
Elegir un solo camino
Elegí Roma para especializarme en el rendimiento deportivo de alto nivel. Me matriculé en el tercer nivel federal de halterofilia olímpica: no fue solo estudiar, fue un renacer, el momento en que decidí volver a ponerme en juego empezando otra vez desde cero. Terminé con el título de Especialista del Deporte, que me abrió puertas de inmediato.
Entré en el Club de Pádel de Villa Pamphili, uno de los primeros centros en Italia que creyó de verdad en el pádel, incluso antes del boom. Era 2019: pocos lo conocían, nadie sabía si se convertiría en un deporte de masas. Yo vi potencial, pasión y una manera distinta de entender el deporte: accesible, atractiva, inclusiva. Ahí empezó mi carrera en el pádel, que no ha dejado de crecer.
En esos años empecé a entrenar a algunos de los mejores jugadores italianos — Alessandro Tinti, Michele Bruno, Luca Mezzetti — y a muchos otros que entonces eran de segunda o tercera fila y hoy están asentados en primera línea. La Federación me llamó para las concentraciones Sub-18 y Technogym me seleccionó como ponente en la primera EXPO italiana dedicada al pádel, en Milán.
Madrid: el salto al vacío y mi presente
Dónde estoy hoy
Mudarme a Madrid fue quizá el momento más difícil y valiente de mi vida. Por un lado la voz racional que me decía que me quedara en Roma, donde había construido un nombre y una red sólida; por otro un impulso más profundo que me decía que tenía que buscar nuevos retos. España era un sueño que llevaba conmigo desde niño: todas las experiencias vividas — los viajes, el pádel, los idiomas — parecían puestas ahí por la vida para prepararme para ese salto.
Aunque ya trabajaba a distancia con alumnos online desde 2018, quería una ocupación concreta en el pádel en España. Gracias a contactos y oportunidades aprovechadas al vuelo entré en una de las academias más reconocidas. No fue sencillo: nueva burocracia, nuevo idioma, nuevos códigos culturales. Pero día tras día aprendí a adaptarme. Hoy entreno a profesionales, viajo por trabajo, doy formaciones a otros entrenadores y sigo a atletas en todo el mundo gracias a la app que he desarrollado. Hablo cuatro idiomas y sigo construyendo una red internacional.
Este soy yo. Sin adornos. Riccardo Piras, un chico nacido en Nuoro y criado para explorar. Un sardo por el mundo, con una sola certeza: que cada paso, incluso el más incierto, puede llevarte exactamente donde tenías que estar.
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